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POLITICA: TRAS EL ABERRI EGUNA

POLITICA: TRAS EL ABERRI EGUNA

POLITICA: TRAS EL ABERRI EGUNA.

Buscando quizá el poder taumatúrgico que el cristianismo confiere al Domingo de Resurrección, y con un tiempo poco amable, los nacionalistas vascos han vuelto a celebrar el Día de la Patria Vasca. Dado que las representaciones de la izquierda independentista y de EA son, como las de la Pasión de Cristo, repetitivas y previsibles, las miradas se centraban más en la fiesta del PNV y, concretamente, en aguzar el olfato para intentar distinguir los indicios de nuevos rumbos en la nave jeltzale.

Es cierto que estas fiestas rituales tienen un alto componente de consumo interno y que, por ello, los analistas tienden a observar elementos expresivos de otra índole: lenguajes corporales, abrazos, pequeños cambios en las frases, discursos ausentes… El movimiento de timón en los transatlánticos nunca es brusco, pero siempre se pretende adivinar la intención de los pilotos. Los oradores hablan de un ‘acuerdo singular’, remachando la especificidad del ‘conflicto vasco’. Claro que existe también quien niega la mayor: ¿existe, en verdad, conflicto vasco como gran sustantivo, más allá de la persistencia ciega e inmoral del terrorismo? ¿O es una cantinela repetida por los nacionalistas, tan diestros en simultanear las tareas de pirómano y bombero?

Aceptemos, con Chantal Mouffe, que el conflicto es la esencia de lo político. Entonces, ¿por qué tanto empeño en singularizar ‘nuestro’ conflicto? ¿Qué hemos aprendido en la pasada legislatura de los cambios en la vertebración del Estado? Podemos manejar dos hipótesis: o bien una parte importante de la ciudadanía considera que el modelo existente de relación entre Estado central y autonomías es correcto, o bien no ha sido correctamente explicada la necesidad de los cambios estatutarios; ahí están los ejemplos de los Estatutos catalán, valenciano, andaluz, aprobados con más pena que gloria y sin gran atracción movilizadora para la ciudadanía.

En este contexto, la petición nacionalista es compleja  y  resulta difícil que sea admitida. Por una parte, si se refiere al famoso ‘derecho a decidir’ o autodeterminación encubierta, ningún partido constitucional puede atreverse a recorrer esa vía (al menos hasta que se produzca un hecho similar en algún país de Europa occidental, como pudiera ocurrir en los casos escocés o belga); si se trata de redefinir el Estatuto y ampliar las competencias, la experiencia catalana enseña la marejada que puede esconder ese intento. Han aparecido algunos globos sonda, como el blindaje del Concierto económico (quizá fácilmente aceptable, aunque Cataluña lo observaría con la atención del alumno que desea copiar al más aventajado); otros elementos parecen de más difícil encaje, porque abrirían una nueva brecha en las reivindicaciones. Me refiero, claro está, a temas como el INEM (¿sindicatos como UGT y CC.OO o la CEOE dejarían en manos del sindicalismo nacionalista este asunto?) o la caja única de la Seguridad Social. El tránsito no es fácil y la preocupación ciudadana no parece excesivamente centrada en estos asuntos competenciales.

Dos asuntos, pues, centrarán próximamente nuestra atención. El primero se refiere a cuál ha sido la lección que el PSOE ha extraído de aquel incierto deambular por el Estatuto catalán (que pasó de ser un remedio para la financiación sanitaria a un debate identitario sobre si Cataluña era o no una nación) – y que le condujo a los momentos de menor valoración política en la pasada legislatura-, y cuál ha sido la aprendida por el PNV, tras constatar una y otra vez que su extremo soberanista se ve castigado por el aprecio ciudadana. Confiemos en que no se den cita otra vez estos dos dislates y haya mayor altura de miras. Aunque la historia no nos hace excesivamente optimistas.

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